domingo, 8 de diciembre de 2013

LA COMPETITIVIDAD EN LOS CONCURSOS DE CANTO

Me escribe un compañero canaricultor a quien no conozco personalmente pero a raíz de los correos que hemos cambiado en los que se interesó por adquirir un macho de mi aviario deduzco que debe ser un buen timbradista, hace constar que visitará o participará - esto no lo deja claro - en un concurso de canto por su competitividad. Bienvenida sea esta competitividad entendida como fuente de progreso y mejora en sus timbrados. De otro modo, no estoy de acuerdo con él. Participar en un concurso de canarios lo interpreto como una suerte de examen o evaluación de mis ejemplares, en absoluto como un hecho competitivo, más bien como un factor de esparcimiento y diversión. Para mí un concurso representa un punto de encuentro con amigos criadores que permite disfrutar de buenos momentos en compañía de personas que comparten afición. Un concurso es un nexo de comunicación e intercambio tanto de impresiones y opiniones como de pájaros. Y estoy de acuerdo en formatos de concurso abiertos donde el criador pueda escuchar sus ejemplares y los de otros timbradistas tanto durante el enjuiciamiento como en los que se organiza una pequeña exposición de canarios donde se muestran los pájaros participantes y la calificación obtenida por los mismos, aunque sea durante unas horas previas a la entrega de premios y donde el gran público puede durante un rato deleitarse escuchando y viendo todos los canarios participantes. El concurso no es competición, es evaluación y nexo de unión de compañeros. Ningún canaricultor debe estar por encima de otro y una mala entendida competitividad puede generar malestar entre vencedores y vencidos. Importa el cómo no el fin. Del cómo entendiendo éste como un global del concurso, de los pájaros vistos y oídos, de los comentarios y opiniones de compañeros y jueces, de un análisis de las planillas obtendrá el canaricultor concursante explicaciones que aplicadas correctamente le permitirán avanzar en la mejora de sus ejemplares. El fin son unos aplausos, un diploma, un jamón,...
Del libro La verdad sobre el caso Harry Quebert. 
- Harry... Según usted, ¿por qué boxeo siempre solo?
- Pregúnteselo a usted mismo. 
- Porque tengo miedo, creo. Tengo miedo a perder. 
- Pero cuando se presentó en aquella sala de Lowell, por consejo mío, y aquel negro enorme le pegó una paliza, ¿qué sintió?
- Orgullo. Después del golpe, sentí orgullo. Al día siguiente, cuando miré los moratones de mi cuerpo, me gustaron: ¡me había sobrepasado, me había atrevido!¡Había osado combatir!
- Así que considera usted que ganó...
- En el fondo, sí. Incluso si, técnicamente, perdí el combate pero tengo la impresión de que ese día gané. 
- La respuesta está ahí: poco importa ganar o perder, Marcus. Lo que cuenta es el camino que recorre entre la campana del primer round y la campana final. El resultado del combate, en el fondo, no vale más que para el público. ¿Quién tiene derecho a decirle que perdió si usted cree que ganó? La vida es como una carrera a pie. Marcus: siempre habrá gente más rápida o más lenta que usted. Todo lo que cuenta al final es la voluntad que ha puesto en recorrer el camino. 

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