lunes, 23 de marzo de 2015

La Mala Madre y el Buen Padre

En la canaricultura no procede personalizar, los pájaros tienen unos comportamientos diferentes a los de la especie humana. Esto es cierto, como también es cierto que determinados comportamientos básicos de los canarios presentan semejanzas, parecidos y correlaciones con el comportamiento de las personas. Entre estos comportamientos está la entrega incondicional de toda madre a sus hijos. No hay malas madres, todo lo contrario. No es el caso de esta preciosa hembra pía, bonita timbrada fina de rústico color pardo amarillo. Puedo afirmar sin paliativos que es una mala madre, y explicaré el por qué de esta dura y categórica afirmación. 

Bonita hembra timbrada, tan bonita como mala madre. 
Realizó una puesta de 5 huevos todos fecundados que nacieron con puntualidad a los 13 días de haber empezado la incubación. El comportamiento en el nido durante la incubación fue correcto y, a pesar de ser una hembra arisca y asustizada, de las que se alteran a la mínima que alguien se acerca a la jaula, su conducta varió y permanecía impasible, sin levantarse del nido aún cuando me aproximaba a la jaula o quería inspeccionar la puesta. El macho, qué gran macho, un precioso ejemplar de 93 puntos premiado en el Concurso de l'Hospitalet 2014, alimentaba a la hembra en el nido. Hasta aquí todo bien, la pareja 7A estaba sincronizada, actuaba de modo adecuado. 

El buen padre, conducta ejemplar de este timbrado español
que ha asumido la responsabilidad de alimentar la nidada ante la pasividad de  la hembra. 
Nacieron todos lo pichones pero la anormal conducta del macho me alertó. Hurgaba dentro del nido, forzaba que la hembra se alzara y parecía que picoteaba a los recién nacidos. Este proceder era constante y reiterado. Temía que el padre quisiera matar a los pequeños pues normalmente durante los primeros días de vida es la hembra la que se encarga diría que por entero de alimentar a los pichones. El macho todo lo más lleva comida a la hembra y es ésta la que la reparte entre sus hijos. Cuando éstos están más crecidos ambos contribuyen solidariamente a llenar los buches de los siempre hambrientos noveles. Mi preocupación iba en aumento pero las inspecciones del nido confirmaban un buen crecimiento de los pichones siendo así que hasta les traspasé un pichón procedente de otra pareja en la seguridad de que lo adoptarían.  

Imagen de la pareja 7A en primer plano la hembra, la "Mala Madre"
Hasta que descubrí la verdad, que no era otra que estaba ante una mala madre que desde el nacimiento se despreocupó por entero de alimentar a sus hijos. En los 15 días de vida de los pichones no la he visto ni una sola vez alimentar a sus hijos. Y a la que les apuntaron los primeros cañones a los pichones, salió del nido y, ausente, vaga por la jaula piando, como si el alimentar a sus hijos no fuera con ella. He tenido suerte de contar con este macho, el buen padre, que ha salvado la nidada. 

La nidada en perfecto estado 5 canarios de la pareja 7A y 1 "adoptado" de la pareja 1A
Tengo preguntas sobre el anormal, diría que excepcional, comportamiento de esta timbrada. Resulta muy extraño su despreocupación en una función esencial para la supervivencia de su prole. Está perfecta de salud, vivaz y saltarina. ¿Por qué esta conducta? ¿Qué motivos justifican tal negligencia? ¿Hay algún psicólogo especializado en timbrados? Me gustaría contar con vuestra colaboración en forma de opiniones, la sección de comentarios espera vuestras aportaciones.  




1 comentario:

  1. Estimado compañero.

    Yo si ser un gran entendido en canaricultura y menos en psicología animal, pienso que, como en mucas otras especies animales, incluso en los humanos, existe lo bueno y lo malo. Una madre, aun siendo madre, puede ser como el casos que citas o lo contrario y el padre, tres cuartas de lo mismo.

    Por consiguiente, no hay que darle muchas vueltas. Has tropezado con esa reproductora que su papel de madre no lo ejerce como debiera. La suerte es dar con el macho que, en este caso, es bueno. Peor hubiera sido que ambos fueran unos calamidades como ha sido un caso mío con una pareja de isabelas oro que e han dejado morir cuatro crías.

    Saludos.

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