La redundancia en los errores es una muestra de inutilidad o superbia o, en el peor de los casos, de los dos juntos, creando una mezcla perfecta capaz de derruir cualquier proyecto de futuro. Estos pensamientos, o similares, me rondaban por la cabeza el pasado otoño. ¿El motivo? Mis queridos timbrados llevaban años entonando el mismo repertorio fruto de una educación con maestros y los hijos, nietos y bisnietos de aquéllos. Concretamente desde el 2019, si mi mala memoria no me falla. Aparentemente, las cosas ya iban bien. Obtenía algún premio en concurso, estaba ahí, y recibía muestras de reconocimiento por criadores de todo el mundo. Pero, si te piensas que eres cojonudo demasiados días seguidos, es más que probable que acabes pensando que tus errores no son errores, mientras sólo escuchas el eco de tus propios elogios. Había que hacer cambios.
En educación sólo, lo tenía claro, la genética de casa ni tocarla, adelante con ella hasta el fin de los días. Compañeros con mi genética estaban obteniendo muy buenos resultados en concursos. Mismos reproductores sí, sólo había que encontrar maestros de canto. Interesaba cambiar el repertorio, la canción, los floreos, las conjuntas,... Animal de costumbres que soy, conservador -con la edad se agrava esto-, defensor del dicho "si una cosa funciona, no la toques", me suponían un gran esfuerzo estos cambios. Y cierta aprensión, es cierto. Localicé una línea de canto muy de mi agrado en un criador de la comunidad valenciana, adquirí dos buenos ejemplares exclusivamente para destinarlos como maestros. Aunque al final pisaron -sólo fecundaron, nada de tenerlos junto con las reproductoras- dos hembras cada uno. También me interesaba conseguir algo de variabilidad genética con ellos, es cierto. El laboratorio de I+D siempre tiene que estar operativo en todo aviario.
La cría iba bien, muy bien. Destacar el buen funcionamiento del protocolo de cría SB Animal. A medida que los pichones saltaban de los nidos los emplazaba en el voladero de dos metros donde escuchaban los maestros. Todo normal, otro año de cría y educación más con la única variante de maestros nuevos. El criador no puede estar nunca tranquilo, la verdad. La Ley de Murphy aparece con más frecuencia de la deseada en esta afición. El problema aconteció hacia el diez de mayo. Primero enmudece un maestro y en la misma semana el otro. Demasiado pronto para mudar. Pensaba sería un problema pasajero, temporal. Pero me equivoqué, no los volví a escuchar cantar más. Y tenía un problema importante a resolver: los noveles de la segunda y última puesta saltando de los nidos sin tener referencia auditiva, sin educación. Mis reproductores del 2024 no podían educar, su canto estaba afectado, dominado por timbres y rodadas.
Pasaron algunos días, esperando que los maestros pudieran rehacerse y, tras comprobar que continuaban igual, tuve que reaccionar. Objetivo a cumplir que los noveles se educaran fuese como fuese, y por bien. Pasaban los días, el aviario estaba en silencio, un silencio sepulcral que me tenía afligido. Ni los noveles repasaban. La reacción consistió en instalar un equipo de audio, no me quedaba otra. A mí, al gran defensor de la educación con maestro. Gracias Víctor y Salo por vuestra ayuda con la canción y enviarme altavoces y aparatos. Por mi santo, hacia el 13 de Junio, el cuñado me conectó la instalación. Y sonó música, dos horas por la mañana y dos horas por la tarde. Los vecinos -la caseta del aviario colinda con su jardín- me vinieron a ver interesándose por conocer el pájaro nuevo que había traído, que cantaba muy bien... Santa inocencia.
La travesía del desierto, la crisis del silencio, duró hasta principios de Agosto. El 28 de Julio, días antes, mantuve esta conversación con un buen amigo y gran criador:
-Buenas noches señor Antonio, qué tal van esos repasos? Me pregunta él.
Le respondo: estoy tocadísimo moralmente, excepto 2 ó 3 ejemplares hay un silencio espantoso, desconcertante en mi aviario.
Conoce bien mis timbrados, y me contesta: No te preocupes, que a pesar de todo esos pájaros siempre tienen un as guardado debajo del ala. Dales tiempo.




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